Aulas donde se vive la paz: dos experiencias una misma esencia

Septiembre 28 de 2012
Palabra maestra: Ustedes llevan años buscando claves para construir aulas donde se viva en paz. En ese camino recorrido ¿cuáles son las estrategias que les han funcionado y que quisieran compartir con los educadores que leen Palabra Maestra?

Steven:
Algo que hemos visto que funciona es movernos de la lógica castigo-consecuencia a la de derechos-responsabilidades.
Linda lo ha trabajado en una escuela de secundaria donde se reciben fundamentalmente niños con necesidades educativas especiales.

P. m.: Linda ¿podrías contarnos más sobre ello?

Linda: Algo que hemos hecho es ver cómo podemos darle vida, desde la mañana hasta el final del día, a las llamadas “tres C”: conectados, capaces y contributivos. Estas tres C son parte de lo que Linda Albert llama “disciplina cooperativa” y que ha iluminado nuestro
camino en esta institución. La premisa es que todos los niños, independientemente de su edad, su origen, su etnia, quieren estas tres cosas, quieren estar conectados, con vínculos, tener la certeza de que alguien los vea y les diga “hola”, conocer a otras personas, pero también que los conozcan a ellos; sentirse parte de... También quieren sentirse reconocidos como personas con muchas y diferentes capacidades. Y bien, si se sienten conectados y capaces, obviamente van a poder contribuir, entonces esa contribución es el resultado de la conexión y las tres C se interconectan todo el tiempo.



Steven:
Muchas veces nos preguntamos qué vale realmente la pena hacer, qué tiene sentido que se haga en una institución educativa. Creo que en nuestra vida lo que vale la pena es intentar que durante toda la jornada escolar el colegio esté organizado alrededor de la consigna: “¿cómo hago para que mis estudiantes se sientan conectados, capaces y que contribuyan?”, y eso empieza desde por la mañana cuando llegan, empieza al decir “buenos días”, empieza al escucharlos. Se trata de que todo el tiempo la escuela piense y diseñe estrategias para que, en efecto, las personas estén conectadas, se sientan capaces y puedan contribuir. Para nosotros eso es crear comunidad.





Carlos:
¿La población que ustedes tienen es permanente o hay mucha rotación? Lo pregunto porque cuando se construyen unos acuerdos sobre principios, valores y normas, se hace con un grupo, pero luego si cambian quienes hicieron los acuerdos, toca volver a empezar ¿cierto?
Steven: En nuestra experiencia no importa si los estudiantes son temporales o permanentes porque las ideas las practicamos todo el tiempo, las reforzamos permanentemente; pero es cierto que la construcción de comunidad es el primer paso al hablar de aprendizaje y que cuando llega gente nueva, lo ya construido se desdibuja un poco. Con cada grupo de estudiantes que ingresa hay que recrear los acuerdos.




Linda:
A propósito de los acuerdos y de las normas, quiero retomar algo que dijimos antes: en mi colegio hablamos de derechos y responsabilidades y no tanto de normas. Para empezar decimos: “todo el mundo tiene derechos, tanto adultos como niños”. La primera vez que propuse esto, todos los profesores de todos los grados trajeron al salón las reglas que querían hubiese en su clase. Cuando nos las mostraron las organizamos buscando extraer de ellas “los derechos” que creíamos que se encontraban detrás de esas normas y que podían aplicarse a cualquier edad. Así surgieron cosas como las siguientes: i) todos tienen derecho a mantener su identidad y sus creencias; ii) todos tienen derecho a vivir en un ambiente pacífico y seguro y, iii) todas las personas tienen el derecho a aprender para mejorarse a sí mismas y así poder aportar a los demás. Estos tres derechos los pusimos en la oficina principal del colegio y en los muros de los corredores.

Steven: Y todos se sintieron identificados con ellos porque todos aportaron a su deducción o creación.

P. m.: Carlos, tú has sido rector en escuelas con altas cuotas de conflicto y has logrado cambios. ¿Cómo empieza uno a trabajar en una escuela conflictiva? ¿Coincides con los planteamientos de Linda y Steven?

Carlos: Sí, la clave está en construir pactos de convivencia de manera colectiva. Nosotros lo hicimos de manera un poco diferente, pero en esencia es lo mismo. Maestros, padres de familia y estudiantes empezamos haciendo una relación de los problemas que se llevaban constantemente a la rectoría en busca de una solución de mi parte, por ejemplo el uso de celulares en el aula de clase, la falta de atención, la dispersión, la presentación personal, incluso problemas relacionados con los comportamientos sexuales de los estudiantes. Lista en mano, empezamos entre todos a elaborar preguntas para cada problema (por ejemplo, ¿cómo lograr que los aparatos tecnológicos no afecten el ambiente de atención y de escucha de los estudiantes?) y formulamos esas preguntas a estudiantes, a padres de familia y a maestros, bueno desde tercero de primaria hasta once. de allí surgió un decálogo conocido por todos y que se constituye en la identidad de nuestra institución.

P. m.: ¿Y con los más pequeños?


Carlos:
Ellos tienen la posibilidad de hacer con su profesora sus propios pactos. El decálogo es como una carta de navegación, pero cada profesor con sus estudiantes organizan esos pactos de acuerdo con sus intereses y necesidades.

P. m.:
¿Y lo amoldan y le cambian la redacción?

Carlos:
Puede ser. o pueden disminuirlos porque de
pronto no son tan pertinentes para los niños.
Linda: ¿Quiénes entonces redactaron ese decálogo?
Carlos: La redacción final, yo; pero lo que hice fue recoger aquello que surgió de la participación de todos.
Linda: ¿Cómo participaban?
Carlos: En unas mesas formadas por padres, estudiantes y profesores de las tres jornadas (mañana, tarde y noche). Todos mezclados. En cada mesa se trabajaba un problema.
Steven: Ah, interesante; usted lo que hace es involucrar a estudiantes, padres y profesores en la resolución de los problemas, mediante el diálogo. Muy importante.

P. m.: Con seguridad la manera como estaba formulada la pregunta era crucial. ¿Cuál era la clave para ello?


Carlos: Eran preguntas que tenían que ver con cómo resolver el problema.
Steven: Pero no habrá sido fácil. En cualquier colegio vas a tener gente lista para el cambio, gente que se opone al cambio, y gente que está en la mitad. ¿No es así? ¿Cómo lo manejaste?
Carlos: Eso pasa, es verdad. Yo creo que lo importante es recoger las voces y las diferentes miradas.
Rosario: Pero es que aún esas múltiples voces pueden ser contradictorias. Entonces ¿cómo haces cuando hay unas que sí quieren unos cambios que otros, definitivamente, no quieren?
Carlos: El decálogo surgió precisamente de diálogos entre diferentes. La tarea era concluir en un párrafo lo que ellos querían que saliera como resultado de esa deliberación. Yo lo que hice fue poner todo junto. Así llegamos a un decálogo de convivencia que fue conocido por todos los sectores: padres, profesores, estudiantes... y que se constituyó en la identidad de toda la institución.
Steven: Para mí la siguiente pregunta sería ¿cómo se mantiene eso vivo el lunes por la mañana?
Carlos: Es un proceso permanente, no es inmediato. Es algo que hay que alimentar permanentemente. Yo como rector hablo de los pactos de convivencia, el coordinador habla de ellos, el profesor también. Siempre volvemos a ellos. Lo otro es que cuando hay población que fluctúa, que entra y que sale, siempre que hay gente nueva toca volver a echarle el cuento, toca volver a reconstruir lo que ya se hizo. Se hizo el 24 de junio de 2010, y eso mismo sucedió en el 2011,
en el 2012... y seguimos reconstruyendo permanentemente.
Steven: Yo diría que lo que eso significa es que ese proceso se ha vuelto tan importante para usted en la escuela como cualquier otro contenido que pueda aprenderse. Usted ha elegido invertir tiempo en esa tarea tanto como en cualquier otra.
Carlos: de acuerdo, esa es una inquietud mía, es necesario lograr que los asuntos de convivencia se incluyan también en el currículo, en el trabajo que hace día a día el profesor, que tenga un espacio, que se le asigne un tiempo durante el cual se lleve a cabo todo el proceso intencionalmente. ¿Cómo ha sido recibida su propuesta?
Linda: La oposición que a mí más me preocupaba era la de los profesores, no la de los estudiantes ni la de los padres, ya que los profesores tradicionalmente han etiquetado conductas y luego las castigan. Y ahora es bastante difícil en los Estados Unidos puesto que, por una parte, les pedimos a los estudiantes que encuentren su voz, que tengan poder, que sean democráticos, miembros de un aula democrática; pero por otro lado no queremos que tengan voz; queremos crear ciudadanos activos, pero “no en mi salón de clase, porque en mi salón yo soy quien hablo y quien dirijo”.

P. m.: ¿Cómo han logrado el cambio ustedes?


Linda: En este modelo lo importante es que todos tengan derechos, incluido el profesor, pero si se tienen determinados derechos también deben tenerse unas responsabilidades específicas para proteger esos derechos. Por ejemplo, en el aula de clase, en las secciones de la escuela, según los diferentes niveles de desarrollo, todo el mundo dice que tiene derecho a un ambiente en paz y seguro, que les dé confianza. ¿Cuáles son entonces las responsabilidades de cada uno para garantizarle ese derecho a todos? ¿Qué tiene que hacer el maestro? ¿Qué tiene que hacer cada alumno? ¿Cuáles son las responsabilidades de cada uno? Lo importante no es simplemente tener el derecho; es garantizar que sí se respete ese derecho y eso lo hacen las personas que conviven las unas con las otras. Entonces, el docente y el estudiante definen qué son esos derechos para ellos y quiénes se encargarán de asegurar que sí se respeten. Más aún, se encargarán de decidir qué pasa cuando no se respetan dichos derechos. veamos otro ejemplo: el derecho a la identidad; si se trata de un niño de siete años, este puede traducirse en el derecho a escoger el tipo de ropa que desea ponerse y a que la gente no lo critique o se burle de él. ¿Quién garantiza en el colegio que eso no pase? ¿No serían, precisamente, todos los niños del curso y el profesor? Cuando todos caen en la cuenta de que ellos mismos son los responsables de respetar los derechos de los otros, las normas que regulan las relaciones entre ellos se vuelven más claras y adquieren sentido. Con todo, es bastante difícil pensar cómo cobran vida los derechos en las distintas edades, así que hemos llegado a algunas definiciones de cada uno de estos derechos, aunque no demasiadas, quizás tres o cuatro... Y una vez tenemos definidos los derechos, discutimos cuál es la responsabilidad que cada persona tiene de proteger esos derechos.
Steven: Hay dos cosas muy importantes ahí. Primero, tanto profesores como estudiantes tienen derechos y responsabilidades.

P. m.: Habrá sido difícil.


Linda:
Sí, para los profesores fue muy difícil al principio decirles a sus estudiantes que también ellos (los profes) tenían responsabilidades. Por ejemplo, una de estas es hacerles saber a sus estudiantes lo que van a enseñar y dejar en claro cuáles son sus expectativas en el aula; otra es explicar cómo será el sistema de calificación, cuáles van a ser los criterios que van a utilizar. Hubo bastantes profesores que se sintieron incómodos al respecto. Ante esto, les hice ver las cosas que, de hecho, ya estaban haciendo. Por ejemplo, les mostré cómo en realidad ellos asumían sus propias responsabilidades permanentemente. Solo faltaba decirlo, no tenían por qué preguntarle a los estudiantes: “¿qué quieres que haga?”, sino, “esta es mi responsabilidad con ustedes y lo hago de tal manera para que ustedes puedan tener claro cómo mejorar el trabajo que vienen realizando y así respetarles a ustedes su derecho a crecer y desarrollar su potencial”. Esto les dio seguridad para poder seguir explorando derechos y responsabilidades.
Rosario: A su vez, algo que deben entender los niños es que los profesores también tienen derechos. Por ejemplo, derecho a ser respetados, a que no se burlen de ellos. debe haber responsabilidad de los estudiantes hacia el profesor adicionalmente. Pero lo bonito es cuando se mira respecto no solo a los derechos que tiene cada persona hacia su propia identidad y a sentirse seguro, sino en la responsabilidad de todos para que esos derechos se cumplan. Entonces la pregunta es: ¿qué tenemos que hacer todos para garantizarnos esa seguridad?
Linda: Cuando el estudiante está en problemas, siempre volvemos a preguntarnos cuáles son sus derechos y cuáles nuestras responsabilidades –las de su comunidad–, en lugar de acudir al castigo. Aprovechamos la situación para generar reflexión sobre derechos y responsabilidades entre todos, todo el tiempo, hasta convertirlo casi en un hábito.

P. m.: ¿Cómo ayudar a los profesores a hacer ese cambio?


Steven:
La primera tarea de un líder es escuchar a los profesores, porque ellos no podrán hacerlo con sus estudiantes si primero no sienten que les prestan atención. En gran medida los colegios son lugares altamente jerarquizados donde muchos maestros tienen miedo de escuchar porque siempre han visto “decir” y no saben bien cómo hacerlo; sin embargo, se enojan al no ser escuchados, lo que a su vez les pasará a los niños. Pienso que en nuestra posición de líderes y de directores debemos dar ejemplo para que los profesores lo hagan con los niños. Esto es lo que se hizo en el colegio de Linda. Eso es lo primero. Lo segundo es que puedan ver a la persona que imparte la capacitación, o al rector, escuchando a los estudiantes; ver en concreto el ejemplo de cómo se actúa según este modelo. Me explico: yo creo que es importante que un profesor vea a otro profesor o al director haciéndolo. Y que vea que es difícil, y que se cometen errores, y que no siempre funciona. Si el profesor o el líder se muestran vulnerables, se crea un ambiente de confianza. Por eso se sigue haciendo, cada lunes, cada martes, cada miércoles... Eso es lo segundo. Lo tercero es que es importante darles las herramientas necesarias para saber cómo hacer esto, cómo escuchar, cómo empoderar a los estudiantes. No puede construirse una casa sin las herramientas adecuadas.

P. m.: ¿Y cuáles son?

Steven:
Bueno, practicar la escucha. Practicar la comunicación, practicar la formulación de preguntas, practicar veinte minutos, por ejemplo hacer cada viernes un círculo con los estudiantes, practicar cómo usar un libro de literatura para enseñar estas destrezas, cómo usar un libro infantil para enseñar esto. Y es que las preguntas que se hacen a los estudiantes en este marco son muy distintas a las que se formulan para que aprueben un examen. Es importante cambiar la manera de preguntar. deseo añadir algo, para que los profesores formulen preguntas, las preguntas auténticas, como las llama Rosario (ver página 6 y 7 en este mismo ejemplar), deben primero sentirse seguros de preguntar y esto lo pueden practicar entre ellos y con el rector.
Rosario: ¿Por qué el profesor no se siente seguro? ¿Por qué no formularía preguntas auténticas?
Steven: Para sentirse seguro al hacer este tipo de preguntas, la escuela debe vivirse como un lugar seguro. Si ellos plantean una pregunta errada y el lugar explota,y pueden ser despedidos, no van a querer hacer las preguntas. Y sin duda alguna, no creo que puedan crear
un espacio seguro para que sus estudiantes formulen preguntas.
Linda: En concordancia con lo que Steven ha dicho, creo que el centro de atención tiene que seguir siendo la comunidad educativa como comunidad, es decir, como personas que tienen intereses y propósitos comunes. Crear confianza se vuelve primordial, así como propiciar espacios de encuentro para que se viva la comunidad, para que se entienda su sentido de tener propósito común, interés común. En los Estados Unidos, por ejemplo, los sindicatos han impedido que el rector ingrese a las clases de los profesores, porque cuando lo hacía, casi siempre era con una posición crítica y para someterlos a alguna sanción. Si bien podían tener razón en lo que querían evitar, el problema es que separaron al rector de los profesores para crear comunidad. Y así, cuando trabajan con los niños se quedan sin tiempo para reflexionar, sin tiempo para que los profesores tengan encuentros para analizar sus prácticas, sus alternativas, sus problemas, sus soluciones. ¡Solo hay reuniones para coordinar la mejora de puntajes en las pruebas! Todo esto es un absurdo. Hay que poner estructuras en las escuelas que nos permitan tener conversaciones reales y útiles.
Steven: Y ustedes ¿cómo lo viven, Carlos?
Carlos: Quiero contarles que los rectores de colegios públicos de Bogotá nos reunimos con los sindicatos de maestros para mejorar los climas escolares y los climas laborales. Queremos entender los problemas que se presentan entre el rector y los profesores y encontrar una solución de corto, mediano y largo plazo junto con la Secretaría de Educación. Nos reunimos localidad por localidad y dialogamos. Parte de lo que queremos también es desmitificar la idea que tienen los sindicatos y los maestros de los rectores. Queremos que vean que somos tan humanos y tan maestros como ellos. Queremos compartir quiénes somos.
Steven: En el modelo que he venido trabajando –esta idea de colegios pacíficos– hablamos de cuatro asuntos que conviene trabajar: uno es empezar por uno mismo, y estar claro acerca de las ideas, valores y creencias que uno tiene. El segundo es mirar las raíces, tratando de entender cuáles son los problemas institucionales que generan los problemas. El tercero se llama democracia institucional, que intenta reducir un poco la jerarquía y hablar más de “trabajando con...” que de “haciendo para”. Finalmente, el cuarto asunto se refiere a crear nuevas formas de ser líderes. Me parece que esa es la forma en la que ustedes trabajan ahora: educando líderes. Esto no significa renunciar al poder, significa aprender a compartirlo. Y en su colegio lo que ustedes hacen es estupendo; no creo que pueda haber algo más importante para hacerse.
Linda: Sí, este liderazgo está desplazándose de una posición vertical a un liderazgo local. Es buscar el liderazgo de cada quien: el de los estudiantes, el del personal docente, el del personal de servicio, el de cada miembro de la comunidad educativa. No importa que cada cual aporte de maneras distintas; lo que vale es lo que cada uno trae.

P. m.: Por la experiencia que ustedes tienen en otras partes del mundo, ¿qué tan particulares somos los colombianos en lo que al conflicto se refiere?


Steven:
Cuando vine por primera vez en 2004 me conmovió mucho ver el esfuerzo de los colombianos para reconstruir la sociedad civil. Ustedes tienen un compromiso muy serio con el cambio social, e intentan encontrar la manera de lograrlo en esta sociedad que tiene una historia colonial tan fuerte. Y eso es difícil; por eso creo que han sido muy abiertos y valientes al intentar estos cambios.
También creo que tienen profesores muy inspiradores para crear esperanza. Cuando escucho la experiencia de Carlos siento esperanza en los rectores. A veces creo que no tenemos mucho que enseñar aquí sino más bien venir a aprender. Mejor dicho, creo que tenemos que compartir experiencias y aprender los unos de los otros.
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